Monday, April 28, 2008

Si queremos provocar el cambio I (el grajo y el águila)

Paseamos varios amigos por el monte, eso da lugar a la confidencia.
Hay paz, el ruido mayor es el del petirrojo, o arriba unos grajos intentando hacer que un águila suelte su presa.

Todos los grajos, negros, unidos, turnándose, azuzan y marean al águila... quizá le hagan desistir. Ella ha decidido volar más y más arriba para alejarse de tamaños intrusos... son molestos.

Si lo vemos así, es claro que nuestra simpatía va hacia el águila. Ella ha trabajado, ha cazado limpiamente una pieza y no entendemos el afán de socializar que tienen los grajos. Ahí se muestra lo injusto del socialismo como doctrina: el fruto del trabajo para todos, menos para el expoliado. Nos hierve la sangre ante tanto descaro. Y es verdad. La diferencia debe existir y debe ser proporcional al esfuerzo de los hombres.

La misma escena: me comenta un amigo... "también es posible"... que sea el águila la que esté volando en la zona de nidificación de los grajos y ellos pretendan que se aleje de sus crías. Están defendiendo su territorio... defienden la vida. No les vale eso que el águila es más fuerte y puede hacer selección genética. Ellos, los grajos, pretenden que todas sus crías vivan... si bien dentro de un nido de pájaros no hay solidaridad ninguna. Pero el hecho es que ellos agreden justamente al aguilucho.

Y ahí vemos como el águila pierde nuestra simpatía. Es el agresor injusto. Entendemos las guerras defensivas, y nos damos cuenta de lo absurdo del pacifismo absoluto. Es de justicia defender la vida de los tuyos. Vuelve a plantearse la necesidad de preparar la guerra si se quiere tener la paz. La realidad es que siempre hay seres humanos que quieren conquistar territorios o vivir a costa de los demás. Conquistadores, ladrones, perezosos... una gradación de personas que viven "por cuenta ajena".

No es tan difícil encontrar en estos ejemplos los sentimientos de justicia... y profundizar con la razón para comprobar y juzgar qué está bien o qué está mal. Un mismo ser puede ser malo y bueno en acciones diferentes, merecer nuestra aprobación o nuestro rechazo. La demagogia, que no la retórica... sólo verá uno de los dos modelos, aquel que sirva a sus intereses.

Si eres grajo hablarás de la rapaz que merodea tus nidos... si águila... de los grajos que quieren arrebatarte tu presa.

La inteligencia está en desenmarañar estos viejos trucos.

frid

3 comments:

mercedes sáenz said...

Buen texto caminante, cada vez volvés mejor de las montañas. Buenas preguntas planteadas, ahora que caminen las cabezas. Un abrazo. Mercedes

rafa said...

Estoy contigo que en la vida se da muchas veces la ocasión de ser maniqueísta, a un lado los buenos y al otro lado los malos. El punto de vista del aguila no puede ser nunca el mismo que el de las cornejas, por mucho ruido que hagan los unos, para que el otro abra su pico y pierda su trofeo. La astucia está muy bien, pero no siempre defiende la verdad.
Es el viejo truco de la política, que cree que los que no opinan como ellos son tontos o no ven la realidad como ellos, por lo tanto son unos fracasados.
Hay que decirles que se den una vuelta por el campo, no todo es verde, o todo ocres y azules, tambien existen las plantas de otros colores, que se dejen de ser hombres de un solo color, el gris de sus pobres cerebros, y del metal de su dinero.
Como bien dices unas veces se es aguila y otras corneja, los matices entran dentro de la naturaleza.
Un saludo, amigo Frid.

frid said...

Rafa... has captado que si nos quedamos "sólo" en la primera impresión o nos engañan o nos engañamos. Pero ¿cuánta gente ve dos veces la misma escena para aprender los matices y no dejarse llevar sólo por el sentimiento?