Thursday, April 03, 2008

Los disminuidos.


Mi homenaje a los que menos pueden, pero que hacen que con ellos ¡podamos tanto! y a Mercedes Sáenz que me ha inspirado este cuento.

Ayer salía del trabajo al mediodía, como siempre. El sol primaveral invitaba al paseo, quizá por eso encontré a Pepe, un señor de unos cuarenta años, algo contrahecho, que anda de modo compulsivo, ayudado de una especie de taca taca. Me acordé de otras veces que, en el bar cercano, antes de que abriese la puerta, un cliente se adelantaba, el camarero le preguntaba ¿la coca cola de siempre? y tenían unos minutos de atención, mientras él, con dificultad decía algo y sonreía.

Miré y vi que ahí no había hombres grises, todos eran de color y corazón humano.

Curioso... al poco un padre con una niña con síndrome de down iban por la misma acera. La niña miraba con admiración al padre mientras le sujetaba con fuerza mano con manita... Y me acordé de otra niña, ya no tanto, que veo con frecuencia con su padre o con su madre, grandes amigos... que me saluda cariñosa "hola Federico" y veo tanto cariño en los ojos de ella, además de que es"toda una artista" que decora figuritas de artesanía.

Miré y también ahí no había hombres grises... color y corazón de hombre.

Ese día debía ser especial, porque en la esquina estaba Javier, una persona con coeficiente menor a lo normal. Estaba todo orgulloso con su uniforme y su libreta, estaba controlando. Y me acordé de un dependiente algo disminuido que había en unos Grandes Almacenes... atendía con cariño a los clientes bajo la atenta mirada de otro dependiente. Creo que cambió de oficio en ese mismo sitio porque sufría enormemente cuando un cliente no acababa comprándole nada. Sufría su gran corazón.

Me quedó claro que hay en la ciudad muchos hombres que no son grises. Color y corazón humano.

Cerré los ojos y pensé en los hombres grises y vi la ciudad sólo tansitada por jóvenes y adultos de aspecto saludable. Poderío físico, fortaleza, salud... no había disminuidos. Y noté que ya no había ni color ni corazón humano.

¿Donde dejaremos el afecto cuando los hombres grises impongan sus prácticas eugenésicas en los nacimientos? ¿Quién captará el fuego de nuestro amor, dónde el color y el corazón humanos?

frid

5 comments:

mercedes sáenz said...

Muy agradablemente sorprendida Caminos. Y más que agradecida. No sé cual es el origen de este relato pero es cómo si adivinaras que para mi es un tema muy especial. Nadie cerca puntualmente lo moviliza. Todos. Ellos nunca tienen color de personas grises. Tu peluco es transparente al lado de sus colores. Desde chica este tema viene conmigo.
Hablando de tu relato ahora. Me gustó y mucho. Y lo relatas con una ternura y una suavidad muy particular en dónde queda el texto mano con manita en el cuore. Gracias Caminos. Te mando un saludo de colores. Mercedes Sáenz

Mario Parada said...

Me encata tu forma de escribir y contar las cosas, llenas de pasión y dulzura. Precioso. Sigue así y sobre todo no pares de escribir.

http://www.postvida.blogspot.com

Blonde said...

Precioso relato y tierna manera de contarlo. Ojala nunca tengamos hombres grises..y si color y corazón

luisen said...

Son diferentes, porque están libres de toda decoración exterior,de todo el enrevesamiento que martiriza al común de los mortales. Libres porque despliegan su poder interior como aves aleteando suave pero firmemente sus alas amorosas y tibias , dejandose mecer por las corrientes, sabiendo que vamos juntos, unidos, y que como el agua, es de sabios acoplarse a las circunstancias, amoldarse a las situaciones cotidianas.Nada somos. Polvo al viento.

frid said...

Lusien: son diferentes y amables... es verdad. Son a veces un misterio de ternura... y rompen convencionalismos. ¿Qué diríamos de algún físico que va por ahí con una enfermedad degenerativa y con tantas limitaciones? El valor de muchos limitados está en su "lucha" para vivir... y son un gran ejemplo.

gracias. frid