Monday, April 21, 2008

Puzzles rotos.


Un amigo me ha pasado el libro de Alfonso Basallo "Pijama para dos", he disfrutado leyéndolo y saludando al indio siux que aparecía con frecuencia: "una-sola-carne" y me ha hecho pensar sobre los puzzles incompletos.

El Señor de los Planos cuando planificó la vida de los habitantes de sus mundos creados hizo un puzzle, un puzzle muy singular. Todas las piezas eran diferentes, podría hacerlo un experto viendo el paisaje o no, pero en cuanto las piezas encajaban... el puzzle tomaba vida.

Cada pieza tenía un don, el de la libertad. Podría elegir entrar en el puzzle o salirse... pero si entraba eso empezaba a crecer, a crecer... se veía ella misma como un enorme cuadro que componer y que sugería nuevas ventanas, de cada ventana surgía nueva vida... y todo porque había decidido decir que sí al plan del Señor de los Planos.

No era monótono ese Sí, era creativo. La única condición era elegir el lugar que para él se le había dispuesto.

Dentro de las piezas había normalmente, en la mayoría de los casos, una "única" pieza complementaria. Todo te llevaba a ella. Más bien NADIE en el puzzle podía estar sólo. O elegías una pieza del puzzle como compañera o elegías la pieza maestra. El encaje se llamaba amor. Y la pieza maestra era el Amor con Mayúscula. Si bien ese amor terreno se convertía en una "única pieza" que podía volver a elegir asociarse con la maestra. Y esa asociación abría el cuadro a nuevas piezas... multiplicándose los paisajes, las historias y los colores.

Sin embargo no todos los elementos del puzzle aceptaban la elección ni permanecían unidos a la pieza que hacía de compañera.

Cuando eso pasaba en el puzzle se perdía una pieza. Algo no encajaba. Se formaban paisajes, sí, pero teñidos de rojo y dolor. Eran los puzzles rotos que el Señor de los Planos recogía y observaba intentando ponerles remedio.

Esos puzzles requerían más y más atención, aunque no siempre se lograba restaurar las historias. Y, de hecho, surgían cuadros con luces y sombras muy valiosos que pasaban por la senda del dolor.

Pero otras veces, lo siento, el puzzle acababa por imposible en el cubo de los desperdicios, lo que producía un gran dolor en la Casa de los Planos... porque al negarse a ser útil a los demás seres... la pieza egoísta crecía y crecía y contaminaba paisajes sembrándolos de rojo y dolor.

A mí me hubiese gustado que algún escritor hablase de los puzzles rotos, de esas familias desgajadas por egoísmos, por incomprensiones, por locuras pasajeras... de esos hijos víctimas, de esas historias fracasadas... y hablase de cómo hace el Señor de los Planos para restaurar la armonía primera. Porque Él no desecha en la vida una pieza del puzzle, siempre genera contornos nuevos donde encajar las piezas, si bien esos nuevos lugares suponen pulir aristas, recortar esquinas... y pasan todos por el rojo y el dolor.

Lo que no funciona es decir que no pasa nada y que se puede rehacer esas piezas con uniones postreras. Siempre, de alguna manera, es preciso recoger en la pieza "toda su historia", incluso aquella que causa dolor.

frid

3 comments:

mercedes sáenz said...

Caminos! Otra vez tu filosofía se dispara y puede hacerse un gran debate con ella. Es interesante lo de cada pieza. Las que se ponen solas, las obligadas, las que tienen un mandato. Las que creían tener una sola posición girando sus formas y en conjunto se dan cuenta que forman otras, mejores, únicas, bellas interiormente. Otras que una vez ubicadas las puede mover un suave soplido. Las piezas únicas, las figuritas dificiles, esas que parece que no caben en ninguna parte y tal vez por peso propio son en si una grn figura.
Cuándo parece que falta una pieza basta mirar un poquito, tan sólo un poquito y con buena intención se le da cabida. Siempre se puede dar forma al amor y a la bienvenida. Me gustó Caminos. El Gran Ingeniero no parece haberse equivocado en lo que nos dejó sobre la tierra. Bravo es lo que muchas veces hacemos con ello. Un abrazo. Merci

frid said...

Mercedes: fíjate que a las piezas del puzzle que no van "donde deben" siempre les dan una posibilidad más... y después otra y otra. El puzzle lo va recomponiendo el Señor de los Planos mientras hay vida. Hasta el último soplo esa pieza puede encontrar un hueco.

Por eso, con pena, y sólo al final de todo, el que hace el cuadro, tendrá que desechar aquellas piezas que no han querido aprovechar ninguna oportunidad de ensamblarse con las demás.

El engarce es el amor, la rebeldía es el "me apetece", el egoísmo, el querer ser el Señor del puzzle.

frid

ρeтίтα said...

me encanta como escribes, realmente eres todo un poeta, la filosofia que transmites es de gran ayuda para quien pueda comprender el mensaje que envias... gracias por ese don!!
Ana