Wednesday, May 14, 2008

La habitación de los cuentos (ii) Fantasmas.



Siempre, al llegar al pueblo, se traían de Madrid algunas sábanas que pasaban a "su segundo uso"... y con las que ahí estaban se hacían esos trapos que son el último servicio que hacen las prendas recicladas, recicladas por carestía más que por motivos ecológicos.Antes que trapos eran material de juego.


Los mayores esa noche, en la que se había decretado la condena de las sábanas viejas, solían escenificar la noche de los fantasmas. Para eso no es buena la oscuridad completa ni tampoco la luz del atardecer. Los fantasmas se mueven en "penumbra"... ha de verse algo pero ha de imaginarse más.

Y esos niño-fantasmas, dejando alguna luz al fondo encendida, se acercaban con sigilo a la habitación de las literas... ese día la pequeña, miedosa... no iba a que le contaran cuentos. "Era la guerra".

La clave era el susto inicial... porque a continuación había algún valiente que asomando la cabeza de su refugio entre las sábanas, se lanzaba a comprobar y surgía el bullicio hasta que, al fondo, la voz de la madre "¡Niños!" hacía que se lanzasen todos a la carrera a su inocente posición para estar en "perfecto estado de revista"... aquí no ha pasado nada.

Aquella noche se debió montar más barullo de lo habitual... porque al día siguiente vinieron los "fantasmas profesionales". La pared del cuarto daba a la casa de los primos y, ellos, más mayores... la montaron como profesionales.

Noche cerrada, dormidos o casi dormidos... un sonido como de cadenas. Supongo que dieron un golpe de cadenas "algo más fuerte" para que cuatro cabezas surgiesen de sus almohadas como resortes. Andar arrastrando. Una figura que no habla... muy alta... supongo que dos en uno... y una luz que iluminaba la silueta. No dice nada, se asoma y calla. Ese silencio ahoga los grititos de cuatro niños con los ojos como platos.

Ruido de cadenas alejándose.... portazo. ¡Uf, qué alivio!

Un silencio que se puede cortar y luego alguien diciendo "envalentonado" que "no ha pasado miedo".

Comienza la interpretación de la historia en un susurro. "Es la tatarabuela", la del cuadro, la que los franceses tiraron por el balcón por echarles aceite hirviendo. Es su alma en pena que vaga por la casa... Ese cuadro siempre nos ha dado un poco de miedo. Es antiguo y muy expresivo. Te mira con "cierto aire socarrón"... pero de pequeños impresionaba el claro-oscuro.

Hoy no estamos para cuentos.

Al día siguiente no sé que aire de complicidad hay en el mundo de los mayores. Y durante unos días reina la paz en el cuarto de los niños... ya volverán, a su tiempo, más historias.

frid

1 comment:

mercedes sáenz said...

Frid: El relato me pareció muy bueno, mejor su simbología en la época crucial de aprender a conocer y a digerir los miedos. Un abrazo. Mercedes