Monday, May 05, 2008

El muro de los espinos.


Subiendo al monte de mi pueblo, siempre hemos distinguido entre tapias y muros. Las primeras eran amables y estaban preparadas para el salto. Los muros siempre "grises", mostrando con alambres o cristales el mensaje: "aquí no eres grato".



En mi ingenuidad infantil, subiendo al "monte de la Virgen" con mis hermanos llevados de la mano de la "chacha" pasábamos siempre por casa de mis primos de los que se añadían algunos cuantos e íbamos a merendar al campo.


En la cesta, discreta cesta, iban el pan y el chocolate, la sandía y la gaseosa... subíamos por la empinada cuesta hasta unos prados a los que se accedía por una tapia rota. Ahí, además del correteo infantil, la buena chacha se sentaba y nos dejaba hacer.

La fruta, normalmente, eran las manzanas de los árboles de la finca, que a finales de agosto ya empezaban a estar sabrosas.

Mi ingenuidad ponía aires de aventura... de aventura controlada. Los dueños, amigos de mis padres, permitían aquel asalto al prado, que al fin y al cabo... era un prado para las vacas.

Lo sorprendente era que, cuando se acercaban algunos de los del pueblo salía el dueño con el perro. Luego me enteré que mientras nosotros tomábamos las manzanas de modo moderado, aquellos rapaces eran el "mismo diablo" y no sólo arrancaban sino que lo hacían por el placer de la travesura y dejar pelado el manzano.

De paso para la finca el camino tenía, a ambos lados, muros coronados con cemento acristalado, puestos de intento para que quien saltase por ellos se enganchase en los vidrios de colores. Y, también perros ladradores y otros no tanto, que rugían y producían espanto.

Ahí aprendí la diferencia entre muro y tapia, si bien es una diferencia que no viene en el diccionario.

Más adelante comprobé que muros eran el muro de Berlín, el muro de las Lamentaciones, y el muro que, recientemente, separa palestinos e israelíes.

Muros que no impiden que las aves vuelen en libertad, que las ideas circulen, que las personas sueñen. Pero sí que impidieron que las personas los traspasasen. No estaba permitido asomar la cara a espacios de libertad.

El marxismo sólo puede subsistir por el engaño de la primera vez... y una vez implantado, por la tiranía... y un arma de la tiranía el muro gris. Poner puertas al campo es un sueño de los totalitarios, y también de los hombres que crean diferencias y odios a los que son distintos por la religión, cultura o raza.

Los muros parecen sólidos... pero el tiempo hace que al final sean "muros de lamentos".

Hemos visto caer un muro, hemos visto también caer muros menores. Yo recé de niño porque el muro de Berlín cayese. Me enteré que muchos hombres y mujeres rezaron por lo mismo. El Papa Juan Pablo II lo vio caer como una profecía de tiempos mejores... pero una vez liberados de un tirano surgen sombras nuevas, proyectos murales con variantes.

Quizá no sean muros físicos, pero lo "políticamente correcto" es un muro para que no vuele libre el pensamiento. Además muy sutil, porque parece que pensar distinto es violentar realidades, cuando es sencillamente el ejercicio natural de la inteligencia.

La mayor tiranía ya no es el manipular conciencias sino el impedir que existan, que puedas juzgar sobre el bien y el mal, que puedas establecer tú mismo que en aquel manzano tu hambre te pide una o dos piezas... no las cien que arrancaban los pícaros.

Curiosamente la educación, que juzga el bien y el mal, es más libre que la convención social. Educadamente corregimos, educadamente somos delicados, educadamente sabemos que la tapia tiene un acceso pero también sus límites para no causar destrozos.

Sin educación sólo habrá muros con espinos para que nadie pueda entrar en la intimidad ajena. Incomunicables, mudos seres humanos. Miedo de pensar, de hablar, de equivocarse... en definitiva... miedo de buscar la verdad y de volar con libertad.

Yo prefiero las tapias con agujeros.

frid

1 comment:

mercedes sáenz said...

Es bueno Caminos, con el primer párrafo puedes hacer un ensayo. Pasar, pasear, pensar prohido pasar, manzana silvestre, elección, libertad de pensamiento, obligación de dirigirlo a algún lado, inocencia de la contención. Cruzar a otros lados, permanecer. Es para mucho Caminante. Las frases ya adquieren fuerza sugestiva de huracán oculto. De lo que digas se toma o se deja, pero está muy bueno que quieras dejar el camino abierto pese a que para ti es clarísimo el sendero una vez que logras vislumbrarlo. Un abrazo. Mercedes