Wednesday, March 05, 2008

Cuando salí del mapa (7) La colmena.


La colmena:

Hay lugares que no es que estén señalados en el mapa, sino que han sido miles o millones de personas los que los han descrito. En Madrid eso pasa con frecuencia. Cada museo, cada trozo de césped, cada adoquín... ha de ser calculado para millones de pisadas. Y todos ellos luego lo describen en la Casa de Planos como nuevo... "porque ellos así lo han visto y vivido". Es el mismo escenario... para millones de historias, para millones de ojos... para millones de amores.

Sólo uno aguanta ese barullo y es el Señor de la Casa de los Planos. Ese señor guarda también esos millones de relatos porque de él se dice que "son sus delicias estar con los hijos de los hombres". Y no se cansa de oír millones de veces las narraciones llenas de ilusión de cada uno de los exploradores humanos en el escenario madrileño. No en vano es cierto eso de "De Madrid al cielo"... y lo dice un Zaragozano.
Es una historia real de la Sierra de Madrid en el que viví. Y sin embargo llovía.

Dedicado a Fernado C. y dedicado también al Señor de la Casa de los Planos.

Salimos con un sol espléndido. Todo auguraba una magnífica excursión. Salimos de madrugada, coronamos el pico, se nos hizo ya mediodía y bajamos tranquilos hacia el valle de abajo.

Y vislumbramos el metálico brillo de serpientes de hierro en todos los caminos de acceso. De cada vehículo salían todo tipo de seres humanos, que levantaban nubes de polvo moviendo con torpeza sus entumecidos miembros. Portaban cestas, hamacas, sillas, sombrillas...


Iban en sus cestas los bocatas, los manteles, los tomates y las aceiteras, la sal y la cafetera. Una cesta de la opulencia anunciada de un día de campo.

Las hormigas organizaron el asalto a las tortillas de patata hispanas, que esta vez caerían sobre la verde hierba.

La zona a la que íbamos, mayores y críos... era la denominada Las Dehesas. Ahí el mapa está bien señalado. Cada trozo de tierra ha sido ya descrito por miles de pies y pisadas. La hierba ha necesitado crearse fuerte y dura, como clavos de hierro para aguantar tanta pisada humillante.

Correteo de niños, lechos de amor, rincones de siesta, campos de fútbol... de todo han vivido los prados madrileños bajo la atenta mirada de filósofas vacas que pacen entre semana en tiempos de calma.

Salen del coche la suegra, que siempre es gorda y quejosa... la madre, el padre, la niña que apunta maneras, los vástagos varones, vitalistas y juguetones. En un momento los miles de pies reclaman un sitio. En rocas graníticas se sientan los últimos. Nadie se mueve de puro apretujarse como sardinas en lata u oficinistas en metro camino al trabajo.

Nosotros, montañeros de primera hora de mañana, bajamos de la Mujer Muerta y apenas llegamos al prado dando codazos, suscitando las quejas.

Y nuestras hormigas entre tanto alboroto encuentran tortillas y migas, azúcar caído y mil y un golosinas para sus finos labios de insecto casi doméstico.

Pero vino del norte una ráfaga fría, se acercaron las nubes en ataque sorpresa y lanzaron sus aguas en forma de nieve.

Se organizó la contienda en busca del coche. Algunos cambiaron la suegra por la morena... otros se llevaron doble ración de madre política. Salieron los chinos de debajo de las piedras vendiendo paraguas y chubasqueros. Hicieron su agosto.

La serpiente metálica inició su bajada, lentos andares hacia la ciudad madrileña, para sufrir otro atasco en la puerta de Hierro y volver a su casa... empapados pero muy descansados. Y sorprendidos algunos de la feliz coincidencia de volver con sus hijos, mujer y su suegra.

La mayoría de ellos pasaron la tarde llevando las suegras ajenas a las casas debidas y tomando café en casas vecinas... con amistades creadas gracias a la lluvia.

Y así Madrid continua su tradición de acogida. Nunca te sienten aquí extranjero porque si suegra compartes o compras a un chino... ¿cómo no sonreír y ser amable con otro vecino?

2 comments:

Leona said...

Fernando tiene razón, escribes greguerias, ¡me encanta!
¡Ay, los domingueros!... Una vez, hace muchos años, acampé en un prado. Una sencilla canadiense de entonces, en plena naturaleza. Me levantaba por la mañana y me acercaba al riachuelo a lavarme. Ni un alma. Era Semana Santa, pero los días previos a los festivos.
Toda la paz se truncó el viernes, el prado se llenó de coches, de gente gritando y niños y jóvenes corriendo por todas partes.
La tienda estaba plantada en una elevación del terreno, previniendo la lluvia, y ante una gran roca que le daba cobijo. Esa roca la destiné a sitio para lavar los platos y en sus rendijas dejé el estropajo y la bayeta. Tuve que levantarme a quitarlo todo porque un enteradillo de apenas 17 años llevó allí a cuatro o cinco adolescentes a "escalar" la roca... Si se caen, lo hacen encima de mi tienda...
Fue un mal día, lleno de intrusos que no respetaban nada. Los tenía ante mis piernas -sentada a la entrada de la tienda-, corriendo y molestando, ¡con lo grande que era elprado!
Cuando se fueron respiré aliviada. Otra vez paz y tranquilidad.

Qué diferencia, tu narración de la mía... ¿Por?... No los "intrusos" no eran catalanes, je je je... Y fui educada y cívica: encontré al bajar al riachuelo una cartera, me fijé en el grupo de salvajes que corrian por allí y más tarde, al verlos en grupo, descansando, fui a preguntar si alguno de ellos era fulano de tal -el DNI- No me equivoqué, el dueño de la cartera era uno de ellos y se la devolví.

Así demostramos tu aseveración de que cada visitante muestra al Señor de los Planos algo distinto, algo nuevo respecto a otros que han pisado lo mismo.
Los jóvenes que invadieron mi tienda dirian que escalaron una "montaña" y el que perdió su cartera, tal vez contó que una guardia civil estaba allí de dominguera, ¡ja ja ja!

frid said...

Leona: mi interés es que mis amigos disfruten mientras estoy fuera del mapa. La realidad española es dura y necesita alguna sonrisa. Y creo que vale la pena haceros pasar un momento agradable mientras se decide el futuro. No será la primera vez que pasamos crisis... ni será la última.

Hoy es la Cincomarzada. Celebramos en Zaragoza una curiosa fiesta.

Un grupo de españoles, tropas del Maestrazgo, quizá con algún aragonés, castellonense y navarro, subía con sus boinas rojas a tomar Zaragoza que se había quedado sin guarnición. Y eso lo habrían logrado como un paseo... si no fuese que otras tropas isabelinas que venían de paso se toparon con ellas. Rojos y azules se enfrentaron y quinientos valientes de rojo murieron en manos de sus hermanos azules. Curiosamente los progresistas actuales alaban y bendicen los colores de la reina niña, controlada por su cortesanos.

La historia de la niña, reina, borbona, con varios amantes, con grosuras, acabaría en el exilio... y en Roma no pudo llegar a la cúpula vaticana por no caber por los estrechos conductos.

Pero hoy se ha vengado el tiempo de celebración tan fratricida. El viento fuerte y frío amenazaba peligro y las tortillas previstas en el Parque han sido anuladas. Como consecuencia de ello se ha anunciado como medida populista, que se indemnizará a los chiringuitos organizados por la Federación de Barrios. Hay que tenerlos contentos... lástima no saberlo antes pues me habría apuntado a ese negocio seguro desde las arcas de los zaragozanos.

Hoy, por una vez en la vida, el tiempo ha evitado que se celebre un hecho luctuoso de las muchas y crueles guerras civiles en España.

Creo, lo dicen las malas lenguas, que Lunaticus tenía un abuelo en cada bando, pero que él va a reconstruir la historia de los azules porque son los que el progresismo festeja... Monarquía liberal es homenajeada por Socialismo populista. Pero como se dedican a definir lo bueno y lo malo... sin saber que "sólo Dios juzga"... nadie se escandaliza y les parece bien.

Esto no es greguería. Es historia real.

frid