Wednesday, April 01, 2009

Ataque aéreo





Aquella solitaria paloma es la que comenzó la guerra. Su pasión, al mediodía descargar en la calle San Andrés, pasase quien pasase, sin mirar siquiera, con esa soltura y falta de pudor que es propia de la infancia, pero sin una mamá que le dijese: "niña, eso no se hace".

Vestidos de "Prada", abrigos recién sacados el tinte, sombreros, incluso alguna calva eran las víctimas diarias de esa paloma solitaria.

Era una única paloma pero grandes sus destrozos. Y algún insolidario, algún intolerante, agotó su paciencia y apuntó. Sí, apuntó desde una ventana de la calle y de un disparo certero atravesó a la inocente paloma de parte a parte. Último vuelo, hacia abajo. La paloma mordió el polvo de la calle.

Por ahí había una pareja de palomos merodeando detrás de la señora "loca", la que con su cesta llena de migas de pan, alimentaba a miles y miles de palomas.

La paloma destripada había caído sobre el duro asfalto a la vista de la "loca" y de los palomos revoltosos. Menudo susto: ¡una inocente víctima de su incontinencia! Nadie le dio la alternativa de una educación esmerada. Irritación en el palomar. "Loca", palomos y palomas idearon tomar venganza.

Aquel día parecía un día normal de primavera. Los ronroneos de las palomas, eso sí, parecían más intensos, los transeúntes de las calles colindantes, sus niños juguetones, todos inocentes, disfrutaban del sol, de la ligera brisa, del tiempo que llenaba de vida los pulmones.



Sonó un crac, un ligero crac, y miles de crac despedidos por el aire. Guano a cientos, miles de palomas en vuelo rasante y, acabose por un momento la alegre primavera. Niños, madres, padres, el heladero, el barrendero, todos, condecorados por las plastas volanderas.

Silencio. ¿Donde está la loca? Motín, perdigones despedidos a los cielos con poco efecto pues el palomar entero gozaba de la ventaja del dominio de los cielos.

Desiertas se quedaron las calles. Victoria de los pájaros guerreros. ¿Tregua? ¿Negociaciones? ¿Bandos municipales del Alcalde reordenando los espacios?

Los niños desconsolados, ellos que siempre han jugado a cazar palomas pero que nunca han dado el último paso atrapando al pájaro volandero.

Y empezó la guerra. Hubo lazos y trampas que atraparon a cientos de palomas callejeras, multas a la loca por cebar el palomar, requisa de escopetas, cristales rotos, trajes en el tinte, plastas volanderas arrojadas desde el cielo a alguaciles. Una guerra que hizo que las aves más sensatas emigrasen y que el hombre pensase que había ganado la partida.

¿Se logró la paz? ¿Donde la loca? Algunos dicen que volverá con su carro de migas a regar las calles y cebar palomas. Pero mientras la calma en la ciudad, los niños en sus juegos, y alguna paloma suelta parece aceptar el juego del infantil correteo.

Pero la paz no es la tregua de la guerra. La paz es la concordia, la delimitación de espacios, la cesión mutua, los intereses moderados. Y lo que se vivía era la tregua entre guerras, era un intervalo entre batallas.



Comenzó un día, un día espléndido en el bullir de la primavera. Un rumor. En los campos algo pasa. Sembrados blanquecinos por el guano, campesinos que hablan en susurros, ¡Oh! el miedo está latente en la calma de la espera.

El pulso acelerado, la boca seca, la sed sin saciar con el agua de la fuente. La mirada hacia lo lejos. "Vuelven". Pero por ahora sólo sol, juegos infantiles, vida en las calles y, sin embargo, el hablar se vuelve silencioso, se susurra. La impresión indefinida acrecienta las angustias que, por no saber razones, se guardan en el silencio de las almas.

Una sombra en el sol. No, no es una nube de tormenta. Ya pasó. El sol sonríe. Otra sombra, dura más. Y otra que aún algo más dura. ¿Un eclipse? Sombras raras como de pájaros se recortan en el suelo. Triste se torna el día. La luz se oculta. Eclosiona algo y el ronroneo por miles, por millones. Una pasada, otra. ¡Guano a ríos, guano a mares!

Un rayo de sol se asoma, ahora otro... luego el sol retorna. Blancas las calles, blancas las farolas y tejados.

Silencio, un niño llora y estalla en llantos la ciudad entera.

Venganza de palomas. ¿Su victoria?

Bando del Alcalde, emergencia de basuras, daños y orgullos, muchos orgullos vencidos por palomas. Miedo que flota en el aire. ¿Volverán las aves? Así, desde entonces, ese día de mayo es temido. En la plaza un recuerdo del año en el que el cielo llovió guano y las aves mostraron su poderío.

Suena un timbre, el ring se hace más intenso, una mirada de soslayo, la mano torpe enciende la luz a tientas después de tirar al suelo el despertador que le atormenta. En la ventana se oye el runruneo de dos palomas. Juan se alza perezoso de la cama, mira asustado el cielo, el sol se asoma, en la plaza dos niños juegan a perseguir a las palomas. La loca baja por la calle de San Andrés con el carro de la compra y sus migas, las de todos los días. El vecino se queja de que ayer le cagó una paloma y pregunta al del Estanco si tiene una escopeta de perdigones y se la presta. Se bromea. Pasa el camión de la basura, recogen con su pala una paloma muerta y Juan siente que su cuerpo se estremece y tiembla.

frid

1 comment:

Mercedes Sáenz said...

Muy bien escrito sostenido en una metáfora excelente que no sólo lleva al cuestionamiento y a la reflexión. Excelente Federico. Con afecto. Mercedes